Proyecto Crearte
CREARTE, Proyecto Multidisciplinario de Terapias por el Arte
INTRODUCCIÓN
La necesidad de encontrar nuevas alternativas terapéuticas en nuestra realidad social, donde la palabra o las terapias verbales son el método más utilizado en la recuperación de los pacientes con problemática en salud mental, nos invita a usar técnicas altamente eficaces por medio de herramientas a nuestra disposición, como es el Arte.
El Arte como expresión de emociones en muchos casos reprimidas, tiene la facultad de facilitar los procesos emocionales que ayudarán al paciente en su proceso de recuperación, en este caso enfermedades tan estigmatizadas como es la esquizofrenia, donde las consecuencias sociales en el núcleo básico, como es la familia, y en su ambiente socio-económico, se ve afectados por las secuelas de su sintomatología y como ya mencionamos su marca social.
Es así que presentamos el Proyecto Multidisciplinario de Terapias por el Arte: CREARTE, orientado a pacientes con enfermedades de salud mental, abarcando la enseñanza, rehabilitación, y la psicoterapia, con el objetivo de ayudar a la integración o reintegración de la personalidad; en un proceso de cuatro horas, un día por semana, por un periodo de seis semanas; iniciándose este, con técnicas de sensibilización, pasando por la adaptación, creación y experimentación de la pintura sobre papel, para concluir en un Mural pictórico.
Nuestro proyecto, como se verá, tiene objetivos a nivel del paciente así como a nivel social, para que la sociedad en su conjunto pueda desmitificar la enfermedad y unirse a una red social en pro de la salud mental; por consiguiente agradeceremos a los interesados apoyen nuestra iniciativa y hagan réplica de la misma en bien de los pacientes y la comunidad.
OBJETIVOS
Objetivo General:
- Conseguir que los pacientes del Instituto Asistencial de Salud Mental – “Juan Pablo II” del Distrito de Santiago, en la ciudad de Cusco, logren expresar su mundo interior a través de expresiones artísticas, en esta oportunidad la pintura.
Objetivos Específicos:
- Conseguir mayor facilidad en la articulación verbal a través de medios no verbales para expresar las sensaciones, sentimientos y/o conflictos de los pacientes.
- Ayudar a los pacientes a encontrar otras formas de comunicación consigo mismo y con los demás.
- Propiciar en los pacientes un proceso de creación y transformación, en el cual se establezca las condiciones idóneas para desarrollar el potencial artístico y canalizar las pulsiones en torno a este proceso.
- Mejorar el estado anímico, fortalecer la autoestima y potencializar las actividades creativas neuronales de los pacientes.
- Sensibilizar a las instituciones de salud, empresas del medio y población en general, a no estigmatizar a personas con trastornos mentales.
- Realizar un registro y documentación visual del proceso y la producción artística hecha por los pacientes, la que será entregada al Instituto Asistencial de Salud Mental – “Juan Pablo II”, además una muestra y/o exhibición artística interna y/o externa de los trabajos, al termino del proyecto.
FUNDAMENTACIÓN
La Terapia por el Arte, en el ámbito de la salud, se presenta como un apoyo, en tanto como un recurso alternativo que promueve búsquedas, intereses y necesidades, posibilitando por su intermedio el acceso a tácticas no disponibles en el entorno inmediato, haciendo que sus protagonistas sean agentes activos para la construcción del futuro a partir del ahora.
El encuentro con la Terapia por el Arte, permite descubrir estrategias alternativas para lograr una integración e inclusión social, herramientas necesarias para procesar la realidad desde la salud.
CREARTE es un proyecto piloto multidisciplinario, dirigido a la población del grupo de pacientes con trastornos psicóticos y de comportamiento, hospitalizados en el Instituto Asistencial de Salud Mental – “Juan Pablo II” del Distrito de Santiago en la ciudad del Cusco, dicho proyecto constituye procesos vinculados con la salud y el arte, que brindan al paciente el soporte, a través del manejo de diferentes técnicas y materiales (provenientes de las artes pláticas, visuales y audiovisuales) así como el avance en la adquisición de conocimientos en otras áreas de la salud y la recuperación de una calidad de vida digna, donde los valores y la comunicación son los ejes humanizados de nuestra tarea. Consideramos que los criterios y estrategias usados para transformar y plasmar en producciones de carácter estético, lograrán simbolizar y condensar algunos aspectos vinculados con la construcción de la subjetividad e identidad colectiva.
Consideramos la rehabilitación, mediante los siguientes mecanismos terapéuticos:
Sublimación; irrupción del inconsciente a través del proceso primario. El individuo creativo tiene que escapar de las restricciones, de las convenciones, de la moda o de la imitación de los demás.
Insight; hacer consciente lo inconsciente a través de la interpretación verbal, porque se piensa que el lenguaje es el único medio; “las vivencias no siempre pueden ser reducidas a la expresión verbal directa, ya que la conducta es producto de una multiplicidad de estados cognitivos, el rol del insight obtenido a partir de asociaciones de ideas que la obra de arte evoca en los pacientes (y en los demás pacientes cuando se trata de un grupo), lo cual permite al terapeuta enriquecer sus interpretaciones.
Reconstitución de la imagen del cuerpo; el esquema corporal es un depósito de imágenes internalizadas que alberga las representaciones de uno mismo y de determinadas figuras importantes de nuestra infancia. Cuando una persona dibuja una forma humana pone en ella sus propios sentimientos corporales. La Terapia por el Arte utiliza esos mecanismos para lograr la estabilización del paciente.
Contención; en la eficacia de las terapias artísticas se ha subrayado la importancia de la comunicación empática entre terapeuta y paciente, fundamental en cualquier terapia, pero específicamente útil en las terapias no verbales para aquellos pacientes que encuentran difícil la comunicación verbal y necesitan un método diferente para abordar la exploración de afectos o sentimientos.
Comunicación empática; la terapia, por tanto, puede ser una expresión artística de los dos componentes en juego, y puede ser una invitación a una comunicación compartida en la que dos mentes se entrecruzan al nivel más profundo del ser psíquico. En la Terapia por el Arte existe un tercer componente de la comunicación; el producto artístico (pintura, poema, música, danza) que actúa de nexo entre ambos.
JUSTIFICACIÓN
Es en medios anglosajones que se comenzó a hablar de Terapias Expresivas. En Francia se las denominaron no verbales cuando no se utilizaba la palabra para nada y en cambio técnicas por mediación cuando el cuerpo, la música, la escritura o la pintura se utilizaban en la posterior relación verbal con el paciente. En todo caso, casi invariablemente, el terapeuta hablaba en algún momento al paciente aún cuando este no lo hiciera. Actualmente se acepta utilizar que son no verbales cuando recurren principalmente a los gestos, los sonidos o las imágenes. La capacidad de respuesta a estas señales sensoriales y perceptivas es el factor determinante de una relación de terapia expresiva, independientemente de qué actividad intermediaria se utilice (el movimiento, la música, la pintura, la danza, etc.), lo que depende de factores como el estilo de vida del paciente, su sensibilidad especial para una determinada modalidad etc. Por otra parte no todas estas producciones pueden considerarse como creativas porque resultan de procesos de imitación o copia. Las teorías sobre la esencia y el origen de la creatividad varían desde las que presuponen la puesta en marcha de determinadas estructuras neurológicas particulares a las que insisten en el papel del inconsciente en su génesis. En relación con la Terapia por el Arte son estas segundas aproximaciones las más esclarecedoras.
Las Artes Plásticas y Visuales, específicamente la Pintura, demuestran características únicas, que hacen posible y excitante el valernos de ellas para lograr la formación de valores morales, madurez emocional y social, incentivar el poder creativo en relación a todas las facultades físicas y cognitivas. Activar los valores estéticos, compenetrando al paciente en el estudio, conocimiento y práctica de la forma y el color. El proceso artístico productivo es un fenómeno adaptativo, basado en un proceso primario orientado a la realidad; iniciándose en un inconsciente para devenir en uno consiente.
En efecto, la eficacia de la Terapia por el Arte, subraya la importancia de la comunicación empática entre terapeuta y paciente, fundamental en cualquier terapia, pero específicamente útil en las terapias no verbales para aquellos pacientes que encuentran difícil la comunicación verbal y necesitan un método diferente para abordar la exploración de afectos o sentimientos. Ernst Kris considera el arte como una comunicación en la que hay un emisor, un mensaje y un receptor. En la comunicación terapéutica, el paciente y el terapeuta intercambian continuamente sus roles de emisor y receptor, mientras que el mensaje que surge es el producto de su interacción. La terapia, por tanto, puede ser una expresión artística de los dos componentes en juego, y puede ser una invitación a una comunicación compartida en la que dos mentes se entrecruzan al nivel más profundo del ser psíquico.
Las propuestas visuales así como los recursos estéticos que pueden tener los pacientes con trastornos psicóticos y de comportamiento, hacen de la propuesta mural o Muralismo una oportunidad excelente para volcar su creatividad y plasmarla en un mensaje que podrá ser acogido por el resto de la Institución como muestra de este tipo de terapia.
Los terapeutas que utilizan el Arte y el cuerpo en terapia actualmente dan más importancia a la dinámica de la interacción entre terapeuta, paciente y objeto, lo que no va en detrimento del poder de la producción artística en sí misma para ayudar comunicar y a integrar percepciones y sentimientos conscientes e inconscientes.
La Terapia por el Arte es pues, un conjunto de prácticas muy variadas en la enseñanza, rehabilitación y la psicoterapia, cuyo objetivo es ayudar a la integración o a la reintegración de la personalidad.
El terapeuta por el arte tolera la utilización “defensiva” de materiales de arte; pero su finalidad primordial no es crear obras de arte, sino poner a disposición de los pacientes cierto material y ciertas técnicas de base, a partir de los cuales el arte puede ciertamente evolucionar. Pero su objetivo es terapéutico de manera inherente y del contexto en el que la experiencia tiene lugar depende el que la producción pueda devenir en terapia.
Los efectos beneficiosos de la terapia del arte pueden explicarse desde el punto de vista biológico porque se ha visto que se producen en los pacientes cuando la practican determinadas modificaciones psicofisiológicas. Se han observado modificaciones del EEG en niños normales tras musicoterapia (44). Otros estudios demuestran modificaciones en el sistema inmunológico de algunos pacientes. La terapia por el arte en sus distintas variedades se ha utilizado en la enseñanza de niños “normales” y en experiencias de desarrollo personal de adultos con o sin problemas psíquicos mediante la auto-exploración y la creatividad; en el contexto del Movimiento del Potencial Humano y demás movimientos similares. De hecho, es cierto que toda terapia exitosa conduce a un aprendizaje y al crecimiento personal, y que toda buena enseñanza conlleva un desarrollo en el individuo.
MARCO TEÓRICO
Terapia por el Arte
José Guimón
Catedrático de Psiquiatría;
Psiquiatra, Psicoanalista.
Bilbao
Apuntes Históricos
Desde el siglo XIX, se han venido realizando numerosos intentos de establecer correlaciones entre ciertas características del estilo artístico de la obra de los pacientes y los diferentes tipos de locura. Así, por ejemplo, Lombroso (1835-1909) en su célebre trabajo sobre “El genio en los locos” (27), Intentó poner en evidencia este tipo de relaciones. Por su parte, el psiquiatra Max había estudiado las particularidades de los dibujos de los enfermos para confirmar un diagnóstico.
En realidad, a menudo se buscaba patología en los autores cuyas obras se alejaban de las reglas académicas del “buen gusto”. Esto ha sido criticado por autores tales como Michel Thévoz (28, 29) que han visto en ello la expresión de “la moda del positivismo”, es decir de la objetivación pseudocientífica y de la clasificación, que hace estragos más aún en este campo que corresponde, dice, “a la etapa imperialista del poder psiquiátrico: los expertos en salud mental, los primeros psiquiatras que se han interesado a las producciones artísticas de sus pacientes (30) pensaron poder determinar correlaciones fijas entre ciertas características de estilo y las diferentes formas de demencia homologadas”.
La Terapia por el Arte (“Art Therapy”) es pues, un conjunto de prácticas muy variadas en la enseñanza, rehabilitación, y la psicoterapia cuyo objetivo es ayudar a la integración o a la reintegración de la personalidad. Si se quiere definir con precisión la identidad de la terapia por el arte, una de las cuestiones clave es la de delimitarla frente a otras actividades vecinas; en particular la terapia ocupacional. En la terapia ocupacional, se utilizan numerosos objetos, incluidos materiales de arte, con finalidad recreativa, reeducativa, y si se quiere, hedonista, ya que también se fomenta activamente la satisfacción superficial de deseos inmediatos. Para algunos autores, este tipo de utilización de materiales “artísticos” puede crear una confusión inútil entre estas actividades y una verdadera terapia por el arte, y provocar en los pacientes resistencias en contra de un trabajo psicoterapéutico verdadero. Por otro lado, parecería que el trabajo hecho con este tipo de intermediario no resulta más eficaz, comparado con la utilización de otros materiales “neutros”.
El terapeuta por el arte tolera la utilización “defensiva” de materiales de arte; pero su finalidad primordial no es crear obras de arte sino poner a disposición de los pacientes cierto material y ciertas técnicas de base, a partir de los cuales el arte puede ciertamente evolucionar. Pero su objetivo es terapéutico de manera inherente y del contexto en el que la experiencia tiene lugar, depende que la producción pueda devenir terapia.
Evolución – Arte
La mayor creación de los seres humanos es el lenguaje, la palabra es el “dios” más todopoderoso. Crear con palabras es hacer “poiesis” (poesía). Y el que crea algo es su “autor”, palabra que viene de “augere” que significa aumentar, ampliar. Los seres humanos más creativos, los autores, los artistas, son capaces de sacar cosas de una aparente nada, como los genios de la lámpara. ¿Pero qué es esa nada tan extraña de donde nacen las cosas creadas? Thomas S. Eliot, en “The Waste Land” dice: “I can connect nothing with nothing…” Conectar nada con nada, eso es crear. Juntar símbolos sin sentido para que al final lo tengan, para que digan algo, “signifiquen”. Las palabras y los gestos son signos que fundan símbolos, y estos componen una gramática de la mente. Gracias a ellas nos entendemos, nos comunicamos, nos enriquecemos, hacemos arte, “arte-factamos” el mundo, la vida.
Según R. W. Gerard (1946) en su ensayo “The biological basis of imagination”: “…existen diversos mecanismos en la masa encefálica y en las células nerviosas, pues el cerebro es como una gran unidad, que actúan al unísono; no son sólo dos o tres billones de neuronas unidas en separadas contribuciones de células, sino que cada una es parte de la dinámica fluctuante en la actividad constituida como un todo”.
Tal vez por eso, el libro de instrucciones para aprender a manejar nuestro propio cerebro es tan voluminoso. Siglos de arte y cultura, millones de libros y bibliotecas, miles de descubrimientos neurobiológicos, y seguimos sin saber de dónde viene la creatividad, dónde se sustancia la inspiración artística. Hemos de admitir que la neurobiología de la creatividad es un campo aun demasiado virgen, pese a que los primeros esbozos de investigación del tema se remontan a autores tan clásicos como Gall, Lombroso, etc. Los estudios realizados hasta no hace mucho sobre cerebros de personas altamente creativas, como los llamados “genios”, no han encontrado demasiadas – por no decir ninguna – diferencias “físicas” relevantes con los del resto de las personas. Tal vez los instrumentos de estudio eran demasiado groseros.
Psicoanálisis y Creatividad
Las terapias expresivas se iniciaron dentro de una orientación psicoanalítica (6), aunque posteriormente confluyeron con otras terapias como las de orientación humanista, gestáltica o transaccional con las que confluyeron. En esa fusión se modificaron en mayor o menor manera y tomaron como objetivo el crear una armonía entre el mundo interior del paciente y su conducta externa. Arieti propone que algunos mecanismos que favorecen la creatividad (desplazamiento, condensación, sublimación) pueden actuar porque en ciertos pacientes, cuando realizan una actividad artística, el preconsciente se hace “más permeable”.
La Auto Terapia: El Arte de los Enfermos Mentales
A principios de los años 20 (Tabla 1), el historiador de Arte y psiquiatra alemán H. Prinzhorn (8) reunió, como es sabido, una colección de casi 5.000 pinturas, dibujos, manuscritos, objetos y collages, hechos por pacientes de hospitales psiquiátricos a través de toda Europa, creados todos entre 1890 y 1920 (9). Estas obras, según él, habrían surgido de una necesidad urgente de los pacientes de “imponer un orden al caos y de una pulsión hacia la expresión”. Presentaban temas repetitivos: invenciones mecánicas, imágenes religiosas, fantasmas sexuales, dibujos con motivos obsesivos, bestias fantásticas, etc (10). Ciertas obras de su colección fueron consideradas en la época como precozmente expresionistas y más tarde se tornaron en fuente de inspiración para numerosos artistas de vanguardia, tales como J. Dubuffet, M. Ernst, y los surrealistas. Dubuffet (11) “descubrió” el arte “primitivo” (de las barracas de las ferias y de los niños) y afirmó que la producción de los artistas consagrados no era más que una degradación del Art Brut. Ciertos artistas vanguardistas han buscado su inspiración en las obras de enfermos mentales y han llegado a considerar el arte como una reactivación del delirio. A lo largo de los años 30, la revista Minotauro de Skira publicó numerosos trabajos sobre este tema. En 1946, tuvo lugar una exposición en Saint-Anne siguiendo la iniciativa de algunos psiquiatras.
Con frecuencia se ha considerado que la libertad de creación de los artistas plásticos provenía de una patología psiquiátrica. El nazi Goebbels, por ejemplo, llamó “Arte degenerado” a la exposición que organizó en 1937 en Munich. S. Freud manifestó poco interés sobre este tema y se mostró más bien reservado sobre las aproximaciones al respecto de los surrealistas, como lo expresó después de las visitas que le hicieron André Breton y Salvador Dalí. Otros psicoanalistas se han mostrado reticentes a trar en materia como lo hizo escépticamente Oscar Pfister (15), que “un pintor puede por ejemplo ser cubista sin que se sospeche que tiene una enfermedad mental”. Psicoanalistas se interesaron mucho por el tema. Finalmente, ciertos artistas (Günter Brus, Otto Muehl, Hermann Nitsch, Rudolf etc.), inspirándose en estas nociones, han utilizado, con una finalidad provocativa, su propio cuerpo como instrumento de creación o de expresión de pulsiones “prohibidas”: sadismo, masoquismo, necrofilia, coprofilia, zoofilia, etc.
Tabla 1. Antecedentes históricos de la terapia por el arte
• Primeras concepciones psicoanalíticas sobre
- La representación inconsciente a través de las imágenes simbólicas de los sueños (12).
- Los símbolos comunes del inconsciente universal (13, 14).
• La Terapia por el Arte como tal empieza con el descubrimiento por los psiquiatras, del arte de los pacientes ingresados en los “asilos psiquiátricos”
- La Colección de Heidelberg, obras de enfermos mentales, reunida en 1922 por Hans Prinzhorn.
Terapia con Artes Plásticas
En cuanto a los aspectos técnicos de la terapia artística individual, se han utilizado con frecuencia procedimientos tales como los autorretratos directos, el dibujo “automático” (empleado ya por los surrealistas siguiendo la técnica de asociación libre del psicoanálisis) y el dibujo libre. Las producciones artísticas representan a veces “auto-revelaciones” mediante las cuales el paciente da informaciones personales, que los demás no podrían en caso contrario poseer. Otras veces, se trata de “descripciones de sí mismo”, constituidas por datos de sí mismo que un individuo está en medida de revelar a los demás de forma espontánea. En cualquier caso, existe frecuentemente una expresión de sentimientos íntimos vehiculizados a través de representaciones visuales. Si la terapia por el arte se hace en grupo, como nuestros equipos lo hacen desde hace más de treinta años, se pueden organizar grupos abiertos como en las unidades hospitalarias de corta estancia; grupos cerrados de larga duración, tal y como es el caso en ciertas unidades de larga o media estancia, grupos de duración limitada (de crisis), más raros y grupos “lentamente abiertos” que es una modalidad más frecuente en ambulatorio. La frecuencia varía entre sesiones semanales o varias veces por semana, y la duración de los encuentros oscila entre una hora y tres horas cada una.
Existen numerosas técnicas que combinan la expresión estructurada de grupos de arte con la comunicación terapéutica de grupos de discusión verbal. Una vez que se ha conseguido establecer una relación, uno se centra en los grupos en la mejora de las relaciones interpersonales. Un cierto número de procedimientos permiten aumentar la interrelación, la comunicación y por lo tanto la cohesión: la realización de retratos de miembros del grupo, el retrato del grupo, la pintura mural en grupo, etc. Ciertas técnicas facilitadoras de la “catarsis” mejoran la eficacia de la comunicación, permiten un aumento de la auto-revelación y conducen a cambios de actitud y de comportamiento.
Psico-Neuro-Biología de la creatividad artística
Jesús J. de la Gándara Martín
Psiquiatra
Jefe del Servicio de Psiquiatría
Complejo Asistencial
Burgos
¿Por qué Pintan Tanto?
Resulta asombroso contemplar las paredes de las cuevas pintadas por los seres humanos del paleolítico. Penetrar en la oscuridad de la cueva de Tito Bustillo y pintar esos paneles asombrosos no es sencillo. Ni siquiera los más expertos (Balbín y Moure 1981), saben bien quienes fueron -¿hombres, mujeres? – y aun menos porque lo hicieron.
Pero lo que es evidente es que desde el principio de los tiempos humanos reconocibles hubo gentes necesitadas de pintar, de “grafitear” las paredes de las cuevas. Las tendencias de “configuración” artística de los hombres primitivos podrían nacer de la necesidad de distinción, del juego, del deseo, del poder, del sexo, o del miedo. Eso se lo debemos en gran parte a las teorías de Hans Prinzhorn, reconocido psiquiatra vienés que coleccionó miles de producciones artísticas de enfermos mentales en la Clínica de Heidelberg (1919- 1922), y publicó en 1922 un libro clave: “Introducción a la producción de imágenes de los enfermos mentales”. Detectaba este autor seis pulsiones creativas en los enfermos, niños y seres humanos primitivos: expresión, juego, dibujo ornamental, ordenación compulsiva, copia obsesiva y construcción de sistemas simbólicos. Ese fue también el primer encuentro serio entre el estudio de las relaciones entre creatividad y psicopatología. Pero en realidad el primero que se refirió a ello fue Benjamin Rush en Filadelfia en 1811, quien opinaba que la enfermedad mental “…descubre en ellos dotes de las que nunca antes había dado muestra”. Más tarde, Max Simón (1876) fue el primero en sugerir la utilidad de las producciones artísticas de los enfermos para diagnosticar sus trastornos mentales o cerebrales.
Por entonces también se difundió la obra de Cesareo Lombroso (Genio y Folía, 1864) en la que tras estudiar las producciones artísticas de 107 pacientes, interpretó sus creaciones como “representaciones atávicas”, primitivas, regresivas. Ese primitivismo es el que también buscaba Gauguin (1848-1903) en Bretaña (1886) para inspirarse: “Me gusta Bretaña, allí encuentro lo salvaje, lo primitivo” “No buscaba sólo tipos humanos primitivos sino pintar como un primitivo”. Y luego fue hasta Polinesia (1891), persiguiendo la fuente del arte, sin saber que bastaba con que mirase en su propio cerebro de niño inquieto, en los genes y memes que heredó de su abuela andaluza. Está claro: el alimento nutricio de las artes, de la creatividad, debemos buscarlo en los cerebros más limpios de condicionamientos, más primitivos, más inquietos.
Pongamos un ejemplo. En 1990 Delvenne y sus colaboradores publicaron los resultados de sus estudios sobre “flujo regional cerebral” y creatividad. Encontraron cambios funcionales inespecíficos (aumento del flujo sanguíneo) en áreas del hemisferio dominante relacionados con tareas que exigen grados elevados de creatividad verbal. Estos autores sugirieron que la hiperactividad de esas zonas puede ser causada por grandes esfuerzos que exige la creatividad lingüística (¿la inspiración?). Pero, como es evidente, no encontraron las bases neurobiológicas íntimas de capacidad poética, más bien seguían dando palos de ciego más sofisticados, pero en cierto modo parecidos a los de la frenología.
Por sólo recordar algunos hitos significativos basados en estudios poblacionales, destacaremos sucintamente la obra de K. Redfield Jamison (1989), quien describió de forma muy precisa los síntomas emocionales y cognitivos asociados a los períodos de intensa actividad creativa. Igualmente F. Post (1996) estudió las biografías de numerosos literatos geniales, británicos o americanos, rastreando la presencia de alteraciones de la personalidad, enfermedades mentales y otras peculiaridades como consumo de tóxicos. Descubrió una incidencia de trastornos de la personalidad (con criterios DSM-IV) de hasta un 14% en los poetas, o del 7% en los novelistas. Asimismo encontró rasgos obsesivos en un 25% de los dramaturgos, un 20% de los poetas y un 15% de los prosistas. En tercer lugar destacan las aportaciones de Ludwig (1995), quien aplicó una lista de “aptitudes creativas” a más de mil personas eminentes en ciencias o artes, encontrando que los más dotados en dichas aptitudes mostraban no sólo mayor éxito y más originalidad creativa, sino que eran portadores de un rasgo o factor de personalidad típico que denominó “psychological unease” (“inconformidad psíquica”), caracterizado por ausencia de contención emocional, inquietud, impaciencia, e insatisfacción personal, que los conduce e impulsa a la generación continua de nuevos y fatigosos proyectos.
Neuroquímica del Arte
Parece claro que las exploraciones estructurales del cerebro apenas han logrado aportar una solución coherente y uniforme sobre los procesos neuronales de la creatividad. Ni siquiera las modernas técnicas de neuroimagen que combinan análisis estructurales y funcionales en vivo parecen lograrlo. Por lo tanto sólo queda analizar las posible aportaciones de estudios neuroquímicos, de los sistemas de neurotransmisores y receptores, sobre los cuales disponemos de abundante información, acerca de su implicación en los estados cognitivos y emocionales, tanto normales como patológicos, por lo demás tan frecuentes en las personas altamente creativas. Que sepamos no se han realizado estudios específicos sobre aspectos neuroquímicos y actividad creativa, tanto en poblaciones normales como en pacientes psiquiátricos. Los escasos trabajos sobre aplicación de psicofármacos y su efecto sobre la creatividad son tan escasos como ajenos a la cuestión.
Solamente algunas escasas aportaciones, que recogimos en un breve estudio previo (De la Gándara et al. 2004) han intentado relacionar la producción artística con los cambios neuroquímicos asociados a los trastornos afectivos, especialmente en los episodios de hipomanía cuando la mayor actividad mental, capacidad de asociación y resistencia física mejorarían la productividad, espontaneidad y viveza de las expresiones. Así lo describe un paciente y pintor referido por Gabail- Guilibert: “Durante todo el tiempo que duraban las fases de excitación, de vigilancia, pintaba por arrebatos, en todas partes. Retratos, paisajes muy violentos y muy expresionistas… No necesitaba reflexionar para elegir un color ni esforzarme para realizar una composición… todo era físico, instintivo e inmediato.” Tras la administración de litio asegura: “Me resulta más difícil pintar. Mis colores ya no son duros sino serenos. Utilizo muchas más curvas… Mi pintura era inquietante y se ha vuelto relajante. La violencia, la agresividad del dibujo y del color, que eran mi sello, prácticamente han desaparecido… Mi pintura era un grito y se ha convertido en un susurro, casi en un silencio…” Sin embargo otros pacientes experimentan la sensación de producir como antes o incluso mejor, al liberarse de las fases de depresión improductiva.
Probablemente los artistas que más se resientan en su capacidad creativa sean aquellos que habitualmente canalizan los síntomas maniformes a través de la expresión creativa, como advierte Schou en 1979. Al interrogar a veinticuatro artistas en los que el tratamiento con litio había reducido significativamente las recaídas, seis perciben un menoscabo en su capacidad, seis no encuentran diferencias y doce advierten un incremento en su productividad. Añade que debe considerarse la gravedad de cada caso y la susceptibilidad individual. Por su parte, Judd et al (1977) no observan variaciones significativas en cuanto a creatividad semántica o juicio estético cuando evalúan los efectos del litio en una muestra de sujetos sanos, pero sí un enlentecimiento en la ejecución de algunas pruebas motoras o cognitivas.
Igualmente Shaw et al. (1986) encuentran una reducción de la capacidad asociativa en una muestra de pacientes con Trastorno Bipolar, eutímicos, al recibir tratamiento con carbonato de litio. Por ello, Stoll et al. (1996) proponen la sustitución total o parcial del litio por valproato sódico como posible solución a los déficit motivacionales o creativos relacionados con el litio, al encontrar en una serie de casos una mejora en estos aspectos con el cambio. En conjunto parece posible admitir que la impulsividad creativa puede verse reducida con el tratamiento eutimizante, pero en general se observa que globalmente la capacidad aumenta o mejora.
Por otra parte, que sepamos sólo Murry y Torrecuadrada (1997) han examinado las capacidades creativas de artistas (dos escultores) afectos de esquizofrenia, antes y después del tratamiento con clozapina. Encuentran que mejora claramente en ambos, y aducen que los antipsicóticos atípicos mejoran la creatividad al incidir sobre los síntomas negativos y, sobre todo, no la deterioran por sus efectos adversos. Tampoco, que sepamos, se han realizado estudios sistemáticos sobre los efectos de los antidepresivos sobre la producción de artistas depresivos, pese a ser tan frecuentes la combinación de ambas facetas.
Teoría de la Auto Estimulación Perceptiva
Partiendo de lo expuesto hasta aquí parece posible realizar una propuesta teórica que explique la necesidad de percepción estética y de necesidad de expresión artística que todos tenemos, en mayor o menor grado, y que secundariamente explique la imperiosa necesidad expresiva de muchos enfermos mentales. Nos basaremos para elaborar esta propuesta en las hipótesis de I. Biederman y E. Vessel (2007) sobre los circuitos cerebrales implicados en el placer perceptivo.
Estos autores parten de una idea básica muy simple pero eficaz, ya que por un lado nos remite al origen evolutivo de la mente humana (explosión del simbolismo), y por otro a las pretendidas similitudes entre hombres primitivos, niños y enfermos mentales en sus “tendencias de configuración artísticas”. Aseguran, simplemente, que “los seres humanos somos infodevoradores”, máquinas captadoras y procesadoras de información.
En efecto, nos encanta conocer cosas, somos una especie de “cotillas” informativos profesionales. Pero la adquisición de información no es para nosotros sólo una costumbre, sino una necesidad y un placer. El placer de “absorber” información se relaciona con la actividad de los sistemas cerebrales de recompensa y circuitos del placer perceptivo.
Los hechos en los que se sustenta dicha hipótesis parten de 1972, cuando S. Snydér y C. Pert descubrieron los receptores cerebrales para los opiáceos, de los que en pocos años de describieron tres subtipos: mu, delta y kappa. En 1977 se descubrieron las “endorfinas”, concretamente por investigadores de la Universidad de Tulane que por fin lograron encontrar los ligandos endógenos para los receptores opiaceos. Poco después, M. Lewis y colaboradores (1981) descubrieron que la densidad de receptores “mu” era especialmente alta en las regiones cerebrales implicadas en el procesamiento de información visual. Estos receptores se encuentran distribuidos por todo el cerebro según un gradiente determinado, pero su densidad aumenta notablemente a lo largo de la vía visual ventral, que interviene en el reconocimiento de objetos y escenas. Se sabe que las escenas con un alto grado de información novedosa producen una activación mayor en estas áreas de asociación visual y, por tanto, desencadenan más sensación placentera (recompensa perceptiva).
Igualmente, mediante estudios con neuroimagen obtenidas con RM funcional de las áreas de asociación visual, se sabe que cuando un sujeto contempla una escena percibida como placentera, se activan especialmente las regiones parahipocampal y fusiforme, en las cuales la densidad de receptores “mu” es muy elevada. La intensidad de la señal sin embargo disminuye cuando se reitera la contemplación de la imagen, es decir se produce una especie de acostumbramiento de los circuitos y receptores, como es esperable de acuerdo con las leyes del funcionamiento cerebral normal. Así pues, se observa que la primera presentación de un estímulo visual complejo activa muchas neuronas. En presentaciones repetidas, una neurona “acostumbrada” podría inhibir a otras neuronas y desencadenar una cascada de inhibiciones. Si estas neuronas liberan opioides o tienen receptores “mu”, la disminución de actividad conlleva un descenso del placer perceptivo asociado. Quizá por eso, para las personas creativas, los niños y algunos enfermos mentales, la búsqueda de sensaciones perceptivas intensas, de estímulos visuales llamativos, novedosos y estimulantes, resulta tan necesario como placentero.
En concreto, sabemos que las personas con esquizofrenia que muestran capacidades creativas, suelen producir y sentir placer o calma, con la elaboración, y por lo tanto contemplación (que como sabemos por los estudios de Kosslyn y otros, se producen en las mismas zonas cerebrales) de imágenes visuales muy complejas, novedosas, de colores intensos y con una producción a menudo compulsiva. En cierto modo podríamos pensar que esa elevada activación de los mecanismos implicados en el placer perceptivo es necesaria para estos enfermos. Quizá primero se produce de forma casual o espontánea y luego se reitera como mecanismo de compensación, como una especie de autoactivación de las áreas de asociación visual (vía visual ventral, circunvolución parahipocampal, etc.) en las cuales hay una elevada densidad de receptores opiáceos. En definitiva sería una especie de autoestimulación de los “sistemas cerebrales de recompensa”, en los que como sabemos están implicados tanto las endorfinas como la dopamina. Ambas comparten vías y circuitos cerebrales, y ambas, especialmente la dopamina, están implicadas en las claves etiológicas y terapéuticas de las esquizofrenias y otras psicosis.
Se trata, obviamente de una teoría especulativa, que sólo tiene valor como propuesta para seguir investigando. Una vez más la creatividad se resiste a ser encerrada en circuitos, sustancias y análisis, por muy sofisticados que estos sean.
Locos y Artistas Creadores Heréticos
Ana Hernández
Doctora en Bellas Artes y Terapeuta Ocupacional
Centro de Salud Mental de la Fuente de S. Luis
Valencia
Desde la psiquiatría también se aportará una nueva mirada cuando en 1945 el Dr. Ferdière organizó la primera exposición de arte psicótico que se había hecho en un museo, en el Museé Denys Puech de Rodez. Posteriormente, en 1959 la Exposición inteRnatiOnale du Surréalisme (EROS) en la que aparecieron obras de Schröder- Sonnerstern, Unica Zürn, Aloïse y Leonora Carrington, tras su colapso mental en 1940. La colección de Dubuffet de Art Brut capitalizó en gran manera todo el cambio cuando se expuso por primera vez en 1967 en el Museé des Arts Decoratifs de París y consagrando el nombre de marginalidad (1).
Locos y artistas en el hospital de Sainte-Anne
El hospital psiquiátrico de Sainte-Anne fue un foco de exhibición de arte marginal en el París de la posguerra. El Dr. Gaston Ferdière (1907-1990), psiquiatra que trabajó en la institución, siendo un personaje clave y mediador entre los dos mundos, el arte y la psiquiatría, desde finales de los años treinta. Fue uno de los primeros psiquiatras que conoció la obra de Prinzhorn de 1922 gracias a su colega Ernst Jolowicz, psicoanalista vienés que tenía una colección de arte psicótico.
Los médicos de Sainte Anne alentaban la pintura entre los enfermos y no era extraño ver repletas de pinturas eróticas las paredes de la sala de guardia y del comedor. La producción fue tal que se superponían unas obras a otras como la del artista Frédéric Delaglande que realizó unas pinturas repletas de alegorías psicoanalíticas que taparon los murales originales y que serían admiradas por Breton, Duchamp y otros surrealistas que frecuentaban el hospital. Gaston Ferdière, junto con el doctor Jacques Vié, pensó hacer un museo laboratorio para el arte psicótico y el estudio de la civilización del manicomio, al servicio de psiquiatras sociólogos o artistas. Sin embargo la guerra frustró esta iniciativa y Ferdière se fue al sur de Francia como director del Hospital de Rodez en 1941. El éxodo de la guerra generó una mayor relación entre instituciones psiquiátricas y artistas cuerdos ya que los hospitales pasaron a formar parte de la trama de la resistencia (2). El más famoso paciente de Ferdière y al que animó fervientemente a que escribiera, fue Antonin Artaud que tuvo privilegios extraordinarios como habitación particular y biblioteca, dieta nutritiva y visitas. A su regreso a París en 1946 por su indudable talla de escritor unida a sus graves síntomas psiquiátricos, fue pronto el centro del debate de los surrealistas sobre “el otro mundo”, el de las experiencias irracionales.
El mundo psicótico fue ampliamente divulgado en París a raíz de la exposición de 1946 en Sainte-Anne (3), con la participación de artistas enfermos como Forestier y las visitas de Paul Eluard y Joan Miró.2 La muestra era una réplica deliberada de la exposición “Entartete Kunst” que, como es sabido, organizó el gobierno nazi en 1937 para denigrar el arte moderno al que consideraba un producto de mentes degeneradas (4). Por tanto un modo de demostrarlo fue hacer un montaje en paralelo de obras de artistas como Klee, Kokoscha, Hoffman, Haizman o Chagal entre otras, junto con pinturas de Mebes, Goesh Sell, Brendel y otros, de la colección del Hospital de Heidelberg. En el catálogo de la exposición “Entartete Kunst” se intercalaban discursos psiquiátricos herederos de las teorías de B.A. Morel y Max Nordau y fragmentos de discursos de Hitler en los que se sugería la esterilización de artistas “incorregibles”. Lo más sorprendente de la exposición era su enfoque básicamente etnológico: las obras no se representaban como arte, sino como representaciones de la naturaleza atávica de la vanguardia judía (5).
Las tesis que conformaron la exposición organizada en la Alemania nazi, fueron posteriormente seguidas por algunos críticos de arte como el derechista Camille Mauclair, detractor de la modernidad que publicó La Crise de l’ art moderne en 1944.
En su texto incluyó descalificaciones hacia Picasso, Braque o Chagal con pies de foto como “Un talent fou” o “Un fou de l’ asile de Villejuif” superponiendo obras de la colección Prinzhorn y un cuadro de Braque. También otro crítico, Georges Waldemar, se unió a las críticas y publicó en 1950, bajo el título “La plus grande mystificaction du siecle: l’ art des malades mentaux”, en la revista Le peintre.(6)
En 1950, tuvo lugar también en el Hospital de Sainte-Anne, la Exposición Internacional de Arte Psicopatológico, coincidiendo con el primer Congreso Mundial de Psiquiatría (7). Se componía de más de mil quinientas piezas procedentes de cuarenta y cinco colecciones y diecisiete países, agrupadas en secciones geográficas, no por calidad artística, que fue muy desigual, sino por diagnósticos psiquiátricos. A ella concurrieron también psiquiatras españoles como G.R. Lafora, aunque con los datos que disponemos hasta este momento, no hemos podido localizar el destino de las obras que aportaron. También desde Gran Bretaña acudieron Cunningham Dax y Maclay, cuya colección hoy forma parte del museo del hospital de Bedlam en Londres. En el montaje colaboró en la parte técnica, el pintor Schwartz-Abritz y según el catálogo explicativo (sin imágenes) también se proyectaron películas científicas sobre la exposición de arte psicopatológico y películas “surrealistas de vanguardia” como: Le chien andalou de Buñuel y Salvador Dali, o la edad de oro de Buñuel, o El gabinete del Dr. Caligari de Wiene, en el Palais de la Découvert. La exposición atrajo a más de diez mil visitantes en un mes y sobre ella, el psiquiatra francés Robert Volmat escribió el libro L’ art. De esta exposición se recogen algunos testimonios pero realmente no se hizo inventario del contenido. Ana Hernández psychopathologique, publicado en 1956, que contiene una clasificación de las obras presentadas así como un capítulo dedicado a la relación de las pinturas de enfermos mentales con el arte moderno (8). En 1954 J. Delay creó en el hospital de Sainte Anne el esbozo de lo que sería el Centro de Estudios de la Expresión y el departamento de Arte Psicopatológico y el Centro de Documentación sobre Artes Plásticas. En 1959 se fundó la Sociedad Internacional de Psicopatología de la Expresión (SIPE) de la que durante muchos años fue presidente Robert Volmat, y en torno a la cual se han organizado múltiples reuniones de profesionales de la psiquiatría interesados en la utilización terapéutica del arte. Actualmente siguen realizándose encuentros internacionales auspiciados por la SIPE. El acontecimiento de la primera exposición en 1950, creó un clima propicio para muchas otras exposiciones de esta índole y por extensión también favoreció las exhibiciones de Art Brut de Dubuffet. En junio de 2000 se celebró en París un Congreso Internacional de Psiquiatría que conmemoró el 50 aniversario del primero que se hizo y de la exposición de arte psicopatológico.
Al mismo tiempo se ha realizado otras exhibiciones en la sede del congreso y en la galería de arte Saint-Germain, que recogían algunas obras de la primera de 1950, junto con nuevas colecciones de pinturas de enfermos mentales, conferencias y debates tanto sobre el arte psicopatológico como sobre el uso del arte como terapia (9,10). Estas exposiciones hacen reflexionar de nuevo sobre el fenómeno de la pintura psiquiátrica e interrogan sin duda acerca de la medida en que el arte marginal se puede comparar con el arte oficial. Por estos eventos no podemos perder de vista que la alianza entre locura y genio viene de una recreación romántica apropiada de nuevo por la vanguardia del siglo XX y que permanece aún hoy como mito y tópico. Es una manera en cierto modo ingenua de concebir la locura; libre de las restricciones que impone la mente racional. En definitiva, no podemos olvidar que las aportaciones de Freud permitieron articular un punto de inflexión que contemplara la creatividad tanto desde la salud como desde la enfermedad. Y tal como planteó K. Jaspers en 1961 (11) en ningún caso la enfermedad debía ser elemento de juicio negativo de la obra y añadimos o positivo. La locura en realidad no es el germen del talento, sino que al igual que la vida y la personalidad total, forman parte de la obra como un elemento más.
Las vanguardias artísticas y la locura
Si alienistas como Gonzalo R. Lafora se interesan tanto por el arte moderno como por su relación con la locura, sin embargo no encontramos constancia del interés de las vanguardias artísticas en España, por la pintura psiquiátrica. Podemos aventurar que sí hay aceptación de las tendencias expresionistas, dadaistas o futuristas, por parte de los nuevos movimientos se hace cuando éstos ya están consolidados. La información de nuevas corrientes estéticas llegaba puntualmente a España en la primera década del siglo, con el consiguiente debate social entre ruptura y tradición (31). No obstante, la renovación y la búsqueda de nuevos referentes de inspiración, no recaló en las obras hechas en los manicomios y sí que podríamos hablar sin embargo, de fascinación, coquetería con la locura, o lo irracional, en sentido amplio, como un elemento más de alejamiento de la tradición, por parte de algunos artistas.
Art Brut (Arte Bruto)
En el año 1922, el psiquiatra Hans Prinzhorn, quien trabajaba en la Heidelberg Psychiatric Clinic, publica el primer estudio detallado de las expresiones visuales de personas internadas. Prinzhorn sostiene que la expresión artística de estas personas emerge de la misma fuente que cualquier otra expresión plástica profesional, clasificándolos en el de expresión, el del juego, el decorativo ornamental, el que marca el ritmo y la regla, el copiado y el de la necesidad de lo simbólico. Valoriza extremadamente la producción realizada por los enfermos.
Demostrando que una pulsión creadora, una necesidad de expresión instintiva sobrevive a la desintegración de la personalidad, señala: “Nuestros pacientes se encuentran en contacto, de manera totalmente irracional, con las más profundas verdades, y muchas veces revelan, inconscientemente, visiones de trascendencia. Reencontramos así, en un contexto diferente, la idea de la existencia de formas de expresión psíquica y de objetos de formas correspondientes que en todos los hombres, en determinadas condiciones, serían casi idénticas, como los procesos fisiológicos”. La obra de Prinzhorn rápidamente ejerció influencia en el medio artístico (Alfred Kubin, Paul Klee, Oskar Schlemmer, Max Ernst, Andre Breton). Entre 1929 y 1933, varias exposiciones temporarias fueron realizadas en Francia, Alemania y Suiza. En 1933 la clínica de Heidelberg es tomada por el nazismo. Carl Schneider instala el programa de exterminación de los enfermos mentales y usa la colección para fines de propaganda nazi. Se inicia una serie de exposiciones en Alemania y Austria comandada por Joseph Goebbels, que comparaba despreciativamente el acervo de Heidelberg con obras de artistas de arte moderno, como Cézanne, Van Gogh, Klee, Kandinsky, Kokoshka, Chagall y otros .Estas exposiciones tenían como título “Arte degenerado” allí se presentan alrededor de 600 obras de arte contemporáneo, que habían sido confiscadas las semanas anteriores por los nacionalistas en los museos alemanes.
En 1945 Jean Dubuffet se dedicó a investigar y recolectar trabajos de individualidad extrema y gran inventiva, realizados por creadores que no solamente eran técnicamente “inexpertos” sino que a menudo poco o nada sabían de la existencia de museos de arte, ni tenían contactos con otras formas de expresión artística que no fuera la suya propia. Crea el concepto de “arte bruto” que define como “producciones de toda especie dibujos, pinturas, bordados, modelos, esculturas, etc. ó que presentan un carácter espontáneo y fuertemente inventivo, que nada le deben a los padrones culturales del arte, y que tienen por autores a personas oscuras, extrañas a los medios artísticos profesionales” Así el término Arte Bruto pasó a la historia del arte para designar los trabajos artísticos en estado “crudo”, es decir en estado de pureza relativa a todas aquellas influencias culturales y artísticas posibles desarrolladas en Europa. “En cuanto a nosotros, deseosos de producciones que escapan a las normas y abren nuevos caminos para el arte, orientamos nuestras investigaciones a determinados sectores donde existen las mejores posibilidades de encontrar individuos que desafían las convenciones sociales, y que son animados por el necesario espíritu de alienación. Esto nos llevó a investigar las obras de aquellos que, por mucho tiempo, fueron designados con el término “alienados” y que, conducidos por un fuerte individualismo y llevando más lejos que los otros sus consecuencias, fueron declarados ineptos para la vida social e internados en asilos. Encontramos algunos casos (raros, en verdad) de obras extraordinariamente inventivas y que con una observación más detallada se descubren como de las más lúcidamente acabadas, de las más metódicamente construidas y administradas que conocemos”
La eficacia
Los efectos beneficiosos de la terapia del arte pueden explicarse desde el punto de vista biológico porque se ha visto que se producen en los pacientes cuando la practican determinadas modificaciones psicofisiológicas. Se han observado modificaciones del EEG en niños normales tras musicoterapia (44). Otros estudios demuestran modificaciones en el sistema inmunitario de algunos pacientes.
La terapia por el arte en sus distintas variedades se ha utilizado en la enseñanza de niños “normales” y en experiencias de desarrollo personal de adultos con o sin problemas psíquicos mediante la auto-exploración y la creatividad; en el contexto del Movimiento del Potencial Humano y demás movimientos similares. De hecho, es cierto que toda terapia exitosa conduce a un aprendizaje y al crecimiento personal, y que toda buena enseñanza conlleva un desarrollo en el individuo.
Para la formación en terapia por el arte, hay que enseñar todas las materias teóricas que todo psicoterapeuta debe aprender: desarrollo humano, teoría psicológica, psicopatología, sistemas de psicoterapia, dinámica familiar y grupal. Además, es necesaria una supervisión del trabajo clínico. Pensamos que son indispensables unas prácticas en un centro psiquiátrico para tener conocimiento directo de la patología psiquiátrica. Por otra parte, el candidato deberá poseer cierta competencia técnica en arte.
CRONOGRAMA
| Sesión 1 | Sesión 2 | Sesión 3 | Sesión 4 | Sesión 5 | Sesión 6 | |
| Sensibilización visual y auditiva agradable, creación pictórica experimental. | X | |||||
| Creación pictórica experimental mediante musicalización desagradable. | X | |||||
| Creación pictórica experimental mediante estimulación visual, videoarte e imágenes, uso de materiales orgánicos e inorgánicos añadidos. | X | |||||
| Creación pictórica experimental a partir de la retroalimentación efectuada para
llegar a un proceso grupal. |
X | |||||
| Ejecución del Mural Pictórico | X | |||||
| Ejecución del Mural Pictórico | X |
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